La Oscuridad.
Este último tiempo he intentado ocupar mi mente y aprender la mayor cantidad de pasatiempos posibles; me metí en la fotografía, hace poco empecé con mosaicos de cerámica, leo libros como si se fuera a acabar el mundo, estoy en el intento de retomar mi bicicleta y también hice un par de senderos algo a lo que otros le llaman trekking, y la verdad es que resulto más sanador de lo que esperaba. Aun así, y con todas estas cosas siempre me encuentro volviendo a mi pasado, a los recuerdos, a las preguntas sin respuestas, a los supuestos y sueños de un presente diferente, no sé si más feliz, pero si diferentes. Hay tantas cosas y logros que he hecho que me encantaría compartir con él, aunque en el fondo entiendo que de estar aun con él no tendría ni la mitad de lo que hoy he hecho.
Hay días muy particulares que inevitablemente me transportan nuevamente a todo lo que es el, quizás sea porque hoy esta nublado y es un día triste, o tal vez es la música que escucho por mis audífonos, aunque probablemente sea solo yo y mi corazón roto que aún no se cree la realidad que día a día se presenta ante mis ojos, tan tangible como el sol que pega en mi piel.
Por cosas del azar de una u otra manera me entero de su vida, de sus actividades y de sus alegrías. Ella se encarga de jactarse y regodearse en su felicidad delante de alguien que sabe que carece de amor propio, que es autodestructiva, de este intento de mujer que al amanecer ya no se encuentra con esos ojos color miel que tanto admiraba y disfrutaba. Ella sabe a qué juega, sabe que ganó esta guerra y aun así no se conforma con el amor de él, más bien espera mi dolor y destrucción para coronar todo aquello que tiene con él pero que en realidad me pertenece a mí. De seguro que no le es suficiente, nada es suficiente, y creo que la entiendo, a mí me paso muchas veces y jamás pude encontrar esa paz para confiar y cerrar mis ojos para seguir de su mano; entonces yo la odiaba y la quería lo más lejos de nosotros, quizás por eso lo nuestro fracasó.
Hay días en los que analizo seriamente los porque y para que nos separamos, entonces vienen a mi mente todas esas palabras que en ese momento me creí y que ahora por si solas se invalidan ante un presente que es irrefutable, es entonces como me doy cuenta de que mi boca se seca y mi pecho se aprieta, un sabor amago invade mi lengua y entiendo que me empiezo a llenar de odio, odio hacia mí, odio hacia él y odio hacia mi idealismo infantil de pensar que todo lo nuestro era sincero y diferente, diferente de todo lo ya conocido y escrito en todos los libros de amor, lo nuestro era único si él me lo decía, pero que en realidad era todo lo contrario, cuando reacciono a todo lo que me sucede físicamente sacudo mi cabeza y mentalmente me doy cachetadas para no hundirme en ese dolor y así poder despertar de mis pensamientos, me levanto y necesito correr lo más fuerte que pueda para no caer, para volver a mi rutina diaria. Me abstraigo de mis pensamientos e intento bloquear todo asomo de sentimientos que aún quedan por ahí.
Así transcurren mis días, entre amor y odio, entre la esperanza de un futuro mejor y mi pasado que me atrapa y arrastra hacia lugares que creía ya olvidados, entre el día y la noche, entre la luz y la oscuridad. Aunque de una cosa si estoy segura y para eso no hay dualidades ni opuestos, jamás volveremos a estar juntos, nunca, nunca más. No en esta vida.
Comentarios
Publicar un comentario