LOS MEJORES SUEÑOS

En la oportunidad que tuvimos de trabajar, físicamente en el mismo lugar donde mi Ángel trabaja yo me presentaba por las tardes en su puesto para regalarle un alfajor, algún pequeño presente o simplemente para saludarlo, adorarlo, no me molestaba acercarme a él a pesar de las bromas de sus compañeros o a las poco disimuladas miradas de otras personas.
Cada vez que pasaba por su puesto, sus compañeros lo molestaban, se reían y algunos sentían hasta envidia que él estuviera conmigo, una mujer más joven, como si yo fuera esa princesa o la mujer soñada, yo subía con la intención de abrazar a mi Ángel bello, o simplemente conformarme con un beso en su frente.
Envuelta entre su belleza, mi Ángel sonreía y se sentía seguro y feliz. Le encantaba que fuese a buscarlo a su lugar de trabajo, y no le molestaba que lo vieran conmigo. En realidad nunca supe por qué, ni siquiera era la mina más rica, ni una mujer rubia y guapa, como aquellas que trabajaban en la otra área, al contrario, me sentía una don nadie, las constantes bromas intentaban avergonzarme de mi edad, y sabiendo todos que él era un hombre casado me sentía incómodamente inoportuna en su vida, pero igual me gustaba ir a su encuentro.
Era una situación muy incómoda para mi subir a su puesto, pero solía hacerlo solo para complacer mis y sus deseos de estar aunque sea una ratito él.
Seguramente me sonrojaba ante su mirada, recuerdo que me ocultaba para observarlo mientras trabajaba y para que no advirtiera mi presencia, para contemplar su belleza casi angelical, admirar su pelo y su cuerpo, su inteligencia.
En aquella época recuerdo que llegábamos a nuestra casa y, que disfrutábamos de nuestras tardes libres, salíamos a trotar, nos duchábamos juntos, comíamos juntos, nos amábamos y él se dormía entre mi pecho mientras yo acariciaba su pelo, cuando dormía se veía hermoso, me quedaba por horas mirándolo dormir, todavía recuerdo los detalles de su rostro, su espalda, su pelo y su enorme sonrisa o paz que proyectaba al dormir a mi lado. Era hermoso, tierno y angelical. Tal vez no lo merecía, tal vez no valía la pena que hubiese hecho todo lo que hizo por mí y por curarme. Una vez más mis ganas de querer agradecerle todo lo que había hecho por mi me dejaban pensativa, como ida a otro mundo, mi manera de querer agradecerle era, mimándolo, cuidar su sueño, protegiéndolo en un abrazo casi sin tocarlo, para no despertarlo, para no advertirle de mi culpa y de mis pensamientos e inseguridades que debía alejar. En uno de esos abrazos, acaricie su pelo sedoso y negro, pero grande fue mi sorpresa cuando entre sueños me susurro “Te Amo Guen”. No entendí de inmediato lo que me decía dormido, pero fue impresionante quedarme así, abrazándolo, sintiendo su calor, como una prueba más de lo que él provocaba en mí. Amor y ternura. Y viéndolo dormir, una vez más, mis lagrimas empezaron a caer en silencio.
Al despertar por la mañana yo pensaba que al fin comenzarían nuestros días de paz anhelada, podía proyectarme y realizarme como mujer adulta, y ser la supervisora exitosa que soñaba estando él a mi lado.
Pero ni siquiera esos momentos de felicidad lograron mantenernos juntos, y el tiempo parece haber llegado a su fin, muy rápido, casi matando mi amor por él, debido a su ultima mentira.

Comentarios

Entradas populares