LA TREGUA, (gracias por tu vida que no vivo ni viviré)
El dia de hoy sin dudas era clave. La comunicación entre los dos no había sido fácil y hoy por fin me decidí a decirle que lo extrañaba y que quisiera verlo, esperaba su respuesta. Pero todo fue igual que las otras veces. Nada fue distinto. Silencio y desaires prometiendo palabras que jamás llegaron.
Cerca de la tarde tome el teléfono, marque su número y cuando estaba por presionar la tecla color verde, desistí. No quise llamarlo, tal vez para no oírlo, para dejarlo vivir en paz, con su familia, con sus hijos, con su vida, con su trabajo, con sus amistades, sin transportarlo al pasado, sin ser la cuerda que lo una a los malos recuerdos. No quise llamarlo
Mire el display del teléfono con su número intacto como esperando para hacerme oír su voz, un solo movimiento de mi dedo me acercaría a él para conversar sobre nuestros sentimientos y nuestra vida en estos días separados. O tal vez no, tal vez ni siquiera me atendería la llamada, como lo ha hecho en otras oportunidades.
Dentro mío sabía que llamarlo significaría para él nada, pero para mi seria nostalgia, recuerdos y anhelos de algo que no fue.
El merecía un día feliz. Y yo también.
Arrojé el celular sobre la cama, me quite la ropa y decidí darme un baño. Había pedido permiso para salir mas temprano, estaba en mi casa y se auguraba una mala tarde, aunque la mañana había comenzado de manera especial.
Mientras estaba descansando en mi baño, oí el sonido de mi teléfono celular, pero no le di importancia, dado que cada vez en cuando me llama mi familia para saber cómo estoy.
Continué inmersa en mi bañera. Los suaves masajes en la espalda me relajaron y me dormí. El agua tibia, el ambiente cálido y la música suave que había decidido escuchar, me transportaron a un sueño casi real, en donde él llegaba para bañarse conmigo. Su pelo mojado, su piel y su sonrisa radiante, se entregaban a mí, sin dudas, sin obstáculos ni reproches, sonriendo y abrazándome por debajo del agua en donde nuestros cuerpos se unían desinteresados y nobles, sin culpas ni castigos, sin lágrimas ni reproches.
Pude aspirar el aire de su perfume, y con sus ojos cerrados, pude verlo junto a mí.
El sueño fue corto, y ese instante de relajación se interrumpió con el sonido del teléfono de línea, desperté y recordé que estaba sola, en mi casa, en el agua, desnuda y muy cansada.
Noté que me había dormido unos minutos, exactamente veinte. Y recordé que el me había visitado en un sueño.
Me tome una pastilla para dormir, mi amiga en penas de otros meses, y controlando mis impulsos, disfrute de aquel instante de somnolencia, brindando por mi fuerza de voluntad multiplicada por dos.
No llamarlo y no continuar tomando más pastillas de las medicadas.
Comí algo sola, miré televisión y me recosté en mi cama, imaginándolo en su trabajo, distraído abstracto de todo lo que yo estaba sintiendo, de lo que me había prometido y que no cumplió una vez más, lo imagine con gente, con llamados, ocupado, refugiándose en su trabajo ocupando su mente y su tiempo en otra mujer o en alguien o en algo que seguramente hará que me olvide definitivamente. Y me despedí de Él en silencio.
Y como un actor que bajaba el telón de su obra más exitosa, tiré besos al aire con la palma de mi mano, para despedirme de su boca.
Y le dije adiós con los ojos cerrados y húmedos
Nunca más lo seguiré esperando. Nunca más.
Giré sobre mi cuerpo y poniéndome de costado abracé la nada. Y volví a dormirme
Desperté ya de noche, giré para ver el techo y casi sin darme cuenta tomé mi teléfono celular que estaba sobre la cama blanca.
El display me indicaba que habían llamadas pérdidas, dos de mi madre y una de mi padre, ninguna de Miguel, ningún mensaje de texto disculpándose por haberme prometido algo que no cumplió.
Borre las llamadas, como hubiese querido borrar mi pena bañada en lágrimas inevitables. Y me repetí una y mil veces “Nunca más”.
Cerca de la tarde tome el teléfono, marque su número y cuando estaba por presionar la tecla color verde, desistí. No quise llamarlo, tal vez para no oírlo, para dejarlo vivir en paz, con su familia, con sus hijos, con su vida, con su trabajo, con sus amistades, sin transportarlo al pasado, sin ser la cuerda que lo una a los malos recuerdos. No quise llamarlo
Mire el display del teléfono con su número intacto como esperando para hacerme oír su voz, un solo movimiento de mi dedo me acercaría a él para conversar sobre nuestros sentimientos y nuestra vida en estos días separados. O tal vez no, tal vez ni siquiera me atendería la llamada, como lo ha hecho en otras oportunidades.
Dentro mío sabía que llamarlo significaría para él nada, pero para mi seria nostalgia, recuerdos y anhelos de algo que no fue.
El merecía un día feliz. Y yo también.
Arrojé el celular sobre la cama, me quite la ropa y decidí darme un baño. Había pedido permiso para salir mas temprano, estaba en mi casa y se auguraba una mala tarde, aunque la mañana había comenzado de manera especial.
Mientras estaba descansando en mi baño, oí el sonido de mi teléfono celular, pero no le di importancia, dado que cada vez en cuando me llama mi familia para saber cómo estoy.
Continué inmersa en mi bañera. Los suaves masajes en la espalda me relajaron y me dormí. El agua tibia, el ambiente cálido y la música suave que había decidido escuchar, me transportaron a un sueño casi real, en donde él llegaba para bañarse conmigo. Su pelo mojado, su piel y su sonrisa radiante, se entregaban a mí, sin dudas, sin obstáculos ni reproches, sonriendo y abrazándome por debajo del agua en donde nuestros cuerpos se unían desinteresados y nobles, sin culpas ni castigos, sin lágrimas ni reproches.
Pude aspirar el aire de su perfume, y con sus ojos cerrados, pude verlo junto a mí.
El sueño fue corto, y ese instante de relajación se interrumpió con el sonido del teléfono de línea, desperté y recordé que estaba sola, en mi casa, en el agua, desnuda y muy cansada.
Noté que me había dormido unos minutos, exactamente veinte. Y recordé que el me había visitado en un sueño.
Me tome una pastilla para dormir, mi amiga en penas de otros meses, y controlando mis impulsos, disfrute de aquel instante de somnolencia, brindando por mi fuerza de voluntad multiplicada por dos.
No llamarlo y no continuar tomando más pastillas de las medicadas.
Comí algo sola, miré televisión y me recosté en mi cama, imaginándolo en su trabajo, distraído abstracto de todo lo que yo estaba sintiendo, de lo que me había prometido y que no cumplió una vez más, lo imagine con gente, con llamados, ocupado, refugiándose en su trabajo ocupando su mente y su tiempo en otra mujer o en alguien o en algo que seguramente hará que me olvide definitivamente. Y me despedí de Él en silencio.
Y como un actor que bajaba el telón de su obra más exitosa, tiré besos al aire con la palma de mi mano, para despedirme de su boca.
Y le dije adiós con los ojos cerrados y húmedos
Nunca más lo seguiré esperando. Nunca más.
Giré sobre mi cuerpo y poniéndome de costado abracé la nada. Y volví a dormirme
Desperté ya de noche, giré para ver el techo y casi sin darme cuenta tomé mi teléfono celular que estaba sobre la cama blanca.
El display me indicaba que habían llamadas pérdidas, dos de mi madre y una de mi padre, ninguna de Miguel, ningún mensaje de texto disculpándose por haberme prometido algo que no cumplió.
Borre las llamadas, como hubiese querido borrar mi pena bañada en lágrimas inevitables. Y me repetí una y mil veces “Nunca más”.
"El momento elgido por el azar vale siempre mas que el momento elegido por nosotros"
ResponderEliminarProverbio Chino
Cuidate....
"El valor no es la ausencia del miedo, sino el miedo junto a la voluntad de seguir"
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