ILUSIONES

Presentirlo, acariciar su pelo, sentir su aroma cerca, rozar su piel y envolverme en su locura. Todo Él me conducía a un remolino en el cual caía con los brazos abiertos, entregada y sabiendo de ante mano que la gran pasión del”ahora” se transformaría en la ternura del “después”, caía inmersa en su perfume, en su suavidad y en cada beso que me daba como indefenso y ansioso de mi. Quizás puedan preguntarse como hacíamos para amarnos con tanta pasión, como hacíamos para amarnos una y mil veces, sin caer en la rutina y es que nos regalabamos lo mejor de cada uno. Fui feliz, una mujer plena e integra. Era su esclava tal vez de su cuerpo y de su amor. Yo podía ser todo apenas el me miraba. Todo eso y mucho más, hasta donde nuestra imaginación nos condujese, ambos decídiamos donde terminar la pasión pero dejándome siempre con ganas de seguir teniendo todo de el dentro de mí. Todavía me pregunto cómo se puede sentir todo eso y la única respuesta es que no hay nadie ni habrá alguien como él en mi vida. Nadie a quien me allá entregado como a él y nadie tan hermosamente angelical como él. En su papel de mi hombre me conducía y sacaba lo mejor de mí como mujer, le entregaba todo.
Todo él me enamoraba por dentro y por fuera, y con mi amor trataba de protegerlo y amarlo, cuidarlo y hacerlo feliz. Rayaba en la locura y pasión entre sus brazos, jamás quise dejarlo, y venia a mi mente una y mil veces la imagen de su rostro y de su cuerpo, también recuerdo las veces en las que me ayudo cuando caía patéticamente en la clínica para curar mi locura y celos, llorando y casi inconsciente. Por momentos en los que me encontraba sola en la casa o estaba trabajando, solía imaginarme con él, de la manera más feliz en que sentía que vivíamos. Sus sorpresas me conducían a una felicidad casi irreal pero muy deseada. Por eso varias veces luche y luche por su amor, porque él era mi debilidad, y mi locura, su solo recuerdo me inducia a una felicidad etérea, podía decirle millones de veces los TE AMO que sentía, y podía prometerle una vida juntos haciéndolo protagonista de mi vida, mi hombre, mi esposo, el padre de mis hijos. El amor provocaba en mí querer darle la familia que alguna vez nos habíamos prometido. Así me entregaba a su cuerpo, a nuestros caprichos, nos complacíamos en todo, y nos mimábamos hasta el cansancio, en ese estado él era el hombre perfecto, cuando nos amábamos, no había pasado, ni malos recuerdos, solo su piel, su boca y su hermoso rostro que me transportaba a la felicidad real en donde él me decía ser infinitamente feliz conmigo.
EL también me amaba y como para demostrármelo y alcanzarme en mi sueño de convertirme en su esposa, en donde podíamos hasta casarnos, nuestra casa se convirtió en una iglesia como aquel 14 de Febrero que viene a mi recuerdo: en un altar, una mesita de centro, una cajita roja con forma de corazón llamaba mi atención, unos hermosos anillos de oro que Miguel había comprado, y en una noche perfecta entre pisco sour y sushi , en nuestra propia casa, nos sirvió para hacernos esposos delante de Dios. Suena loco, pero no lo era, porque todo era realidad y nada era un sueño ni un anhelo. En un juego cómplice soñamos con casarnos con esas ilusiones y estas eran el sello físico de la unión. Yo me reía a carcajadas y él me miraba con su bella sonrisa. En nuestra felicidad mirábamos las ilusiones, luego nos amábamos entre sabanas blancas como si fueran mi vestido de novia, su cuerpo se convertía hermosamente dulce y encantador haciendo el amor con las argollas puestas. Su cuerpo desnudo, sus hombros descubiertos bañados de su perfume, me hicieron su esclava por esa noche, y nos prometíamos mil veces un amor eterno, tan eterno como durasen esas ilusiones. Y así ese día de los enamorados recibía ese anillo como promesa de su amor, como recuerdo de aquel momento único en el que él y yo celebrábamos nuestro día. Como nos reímos y fuimos felices esa noche, cuando nos casamos en secreto. Todo era real y nada era un sueño, y mi amor por el aun lo sigue siendo. Todavía conservo las ilusiones, nos las quitamos porque supuestamente ya no nos amamos, a veces duermo mientras las miro y vuelvo a recordar las risas, mi cara de sorpresa al verlas, riendo feliz. Aunque mi esposo haya desaparecido y aunque esta mujer no ría nunca más. Y aunque no habrán otros momentos como esos, ambos somos testigos de lo mágico que era nuestra relación, que vivimos sin sospechar el futuro de espanto, de dolor y amargura que nos esperaba vivir. Daria mi vida por volver a repetir aquellos momentos, por volver a verlo reír como aquel día, de aquella manera, con el alma, con nuestros anillos y no encontrármelo hoy viéndolo solo, sin mis brazos en donde encontraba refugio, amor y paz.
Comentarios
Publicar un comentario